23-1-2026
Continuación del mito
de Prometeo
Uriel Ariza Pérez
La vida de Prometeo, pues, se convirtió en un auténtico
infierno, pero Zeus siempre pensó
que el castigo era justo, pues no había falta más grave que
engañar a los dioses.
Pero a Hermes, que es el dios protector de los ladrones y
los mentirosos, le dio pena el
castigo de Prometeo. Lo consideraba excesivo, no solo estaba
atado a una roca de por
vida, sino que además cada día venía un águila a comerse su
hígado. También se sentía
culpable por avisar a Zeus, y un día le dijo: Porqué no
liberas a Prometeo, ya ha sufrido
mucho, habrá aprendido la lección, y no creo que vuelva a
engañar a los dioses. -¡No, ni
hablar, eso no puedo permitirlo! - dijo Zeus, que todavía
estaba enfadado. Pero Hermes, que
conocía bien a Zeus, sabía que, aunque en ese momento
parecía muy convencido, dentro
de unos años podría cambiar de opinión. Y pasados unos años,
cuando Hermes se lo
preguntó otra vez, Zeus no cambió de opinión, pero le dijo
que se lo pensaría. Después de
un tiempo, cuando su furia ya no era tan poderosa, Zeus
decidió que Prometeo ya había
sufrido suficiente, y pensó que nunca más engañaría a los
dioses después de ese castigo.
Entonces decidió enviar a Hermes a liberar a Prometeo. Y
Hermes fue a la roca en la que
habían encadenado a Prometeo y le dijo: -Zeus ha decidido
que el castigo no durará para
siempre, y me ha mandado a liberarte. -¡Por fin, ya estaba
harto de que esa maldita águila
me comiese el hígado! contestó Prometeo, cansado y harto. Y
Hermes liberó a Prometeo,
pero le advirtió de que tuviera cuidado porque Zeus podría
cambiar de opinión otra vez, y
también le dijo que como volviera a engañar a los dioses,
Zeus no lo volvería a perdonar.
Entonces Prometeo vivió una vida normal durante varios años,
pero siempre estaba alerta
por si Zeus decidía vengarse otra vez. Un día, Prometeo
estaba tranquilamente paseando, y
de repente comenzó a llover muchísimo. Prometeo sospechó que
era Zeus el que había
hecho que empezara a llover. Sus sospechas se vieron
confirmadas cuando cayó un rayo
muy cerca de él. Prometeo se puso a correr en dirección a su
casa antes de que alguno le
alcanzara. Por el camino pasó cerca de un pararrayos, y esquivándolo
un rayo cayó muy
cerca de Prometeo. Ahora estaba seguro de que era Zeus el
culpable de esos rayos.
Después de unos minutos corriendo y mientras los rayos le
iban cayendo alrededor,
Prometeo llegó por fin a su casa muy asustado por lo
ocurrido.
A partir de ese día nunca más se atrevió a salir cuando
llovía o había tormenta, pero nunca
volvió a pasarle algo parecido, menos las veces que se ponía
a llover cuando estaba fuera
de casa, porque entonces Prometeo parecía tener un imán para
los rayos. Pero poco a
poco, al cabo de los años, cada vez fueron cayendo menos
rayos a su alrededor. Incluso un
día se atrevió a salir bajo la lluvia, pero no volvió a
hacerlo, porque un pequeño rayo fue a
parar directamente a su trasero. Dejándole una marca de por
vida, que le recordaría para
siempre que no se puede desafiar a los dioses.
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar